martes, 25 de octubre de 2011

Wedding's bell

-¿Cariño?
La emoción de la palabra la hizo temblar, jamás nadie le había hablado con tanto amor en cada sílaba.
-¿Si?- contestó, con su picardía característica, cruzando una mirada con él.
Estaban tumbados en la cama, tras haberse amado fervientemente durante incontables momentos, yacían ahora abrazados, cubiertos por aquella sabana de hilo rojo que tanto le gustaba a ella, aquel regalo que le hizo cuando inauguró el piso. Comenzó a pensar en su suerte, y en como gracias a benevolencias económicas ahora ese piso era un loft, de esos modernos que a el siempre le habían gustado.
-Quiero decirte una cosa- Soltó el finalmente; ella sintió el titubeo de su voz- Tal vez pienses que estoy loco, que soy un tonto precipitado, pero quiero que sepas que desde que te conozco, la vida ha sido bella, luminosa, he encontrado mi razón de vivir y...-no pudo continuar.
Ella sonrió, y como si le leyese el pensamiento, cortó el silencio con unas palabras dignas de un intelectual.
-Mi amado, sabes de sobra que yo también te quiero, y que haría cualquier cosa por tí-bajó la mirada- Tu me rescataste de la miserable vida en la que estaba sumida, si es que se le puede llamar así. Me diste cobijo,  cariño y sobre todo, me enseñaste a amar; así que , si, me casaré contigo, pues aunque solo sean un revoltijo de papeles, podré gritarle al mundo que eres mío, solo mío y que lucharé por tenerte siempre hasta contra la misma muerte.
Él se quedó estupefacto. Realmente le agradaba la idea de casarse con aquella mujer, su musa, pero hacerle viuda en apenas un par de años no le parecía justo.

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